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sábado, 12 de diciembre de 2009

UN MAR DE RECUERDOS

Aquí se acaba mi experiencia en las Seychelles. Tengo la maleta hecha y estoy esperando a que el sol suba alto para despedirme de la Bahía de la mejor manera posible; con tubo y aletas.
Recorreré el arrecife satisfecha, poniéndole nombre a los corales y a los peces que nadan a mi alrededor, feliz de saber que me marcho de aquí sabiendo algo más sobre las profundidades del mar.

Recordaré las Seychelles como el lugar en el que aprendí identificación de peces, de corales y metodología de investigación en arrecifes de coral. En las Seychelles también enseñé lo que pude a quienes llegaron detrás de mí; peces, corales, buceo avanzado y primeros auxilios. Cada lunes y martes disfruté de los talleres de conservación marina con 41 niños y niñas que reunidos en la playa venían a aprender de mí pero que al final me enseñaron más cosas ellos a mí…

He visto tiburones de punta blanca, de punta negra y tiburones limón. He visto tortugas, rayas, morenas, pulpos, langostas, calamares, peces caja, peces globo, peces león, peces loro, peces conejo… caracolas, estrellas de mar, peces gigantes, peces microscópicos, peces siesos, peces multicolores… y mi vida ya nunca será igual desde que descubrí la existencia de los nudibranqueos.

He pasado horas en el barco, en el agua, he hecho pan y galletas para aburrir, he cargado y descargado botellas un millóndoscientascuarentayochomil veces, he aprendido a abrir cocos en menos de… diez minutos, una vez tuve la suerte de ver una tortuga desovando en la playa.
También me tropecé cientos de veces y cientos de veces me volví a poner en pie, y una noche me di el lujo de salir de fiesta y pasármelo como una enana.

Y como siempre, lo mejor que una puede llevarse de cualquier lugar es amistad. Elías fue mi mejor compañía durante los primeros meses. Con él descubrí las Seychelles, por tierra y por mar, reí hasta reventar y arreglé el mundo durante horas en interminables charlas.
Gemma ha sido la mejor compañera de trabajo y cuarto que nunca pudiera haber tenido. Con ella me he escaqueado de la jefa decenas de veces, me he bañado en cueros en alta mar y he visto miles de películas a la luz de las velas. A ambos les doy las gracias por hacer de mis días en las Seychelles algo inolvidable, les deseo lo mejor y espero volver a verles algún día no muy lejano :)

También he tenido días de mierda, pero de eso… no tengo fotos.

Un beso muy grande. Nos vemos muy pronto!
martita

domingo, 29 de noviembre de 2009

PISANDO TIERRA FIRME CON VISTAS AL MAR

Cuando llegamos a la pica del monte me quedé casi sin respiración al admirar la belleza de la isla. Estoy acostumbrada a observar el mundo desde abajo, desde la profundidad del océano, y subir hasta allí arriba me hizo recordar la belleza de tierra firme. Con tanto buceo a veces cometo el error de desligarme del mundo que vive por encima del nivel del mar. Por eso, caminar entre árboles cubiertos de musgo, descubrir caracoles y setas del tamaño de un guisante y llegar a la cima desde la cual el horizonte apenas es perceptible me hizo abrir los ojos a la isla de manera diferente. Parece mentira que lleve aquí casi cinco meses y que a dos semanas de mi regreso descubra algo así. Pero nunca es tarde, dicen, y ahora una vez al día me enfundo unas zapatillas viejas para correr por el monte mientras admiro la belleza del mar. De esta manera mi corazón intenta regresar a tierra firme sin abandonar su infinito amor por el mar. Mientras corro recuerdo las historias de hadas que tanto me gustaban de pequeña, los dibujos a lápiz de árboles encantados que pintaba ya de mayor y me pregunto cuándo fue la última vez que vi una seta de color rojo .
Últimamente, cuando buceo con snorkel y me sumerjo conteniendo la respiración me doy cuenta de que hay un momento en el que olvido por completo que no puedo respirar bajo el agua. Puede ser la costumbre de bucear con botella o puede ser que desearía tanto tener branquias que simplemente por momentos me creo que soy un pez. Persigo un calamar y olvido que tengo que subir a tomar aire. Bajo a seis metros, me topo con un erizo-lápiz de preciosos colores y la necesidad de respirar pasa a un segundo plano… Pequeñeces del mundo submarino que me hechizan momentáneamente. Y de pronto, un día subo al monte y me delato mirando un simple gusano durante minutos… y así, mi alma redescubre las grandes pequeñeces del mundo que viven por encima del nivel del mar. No sé en qué momento olvidé lo mucho que me gusta perderme por el bosque o el crujir de la nieve bajo mis pies pero aquí sentada me prometo a mi misma no olvidarlo más.
Hace tres día el mar le regaló un tiburón ballena a Gemma, mi compañera de aventuras en las Seychelles, y entonces recuerdo cuando el bosque de Yosemite me regaló un oso a mí. No puedo vivir sin el mar, pero tampoco puedo vivir sin tierra firme. Mis pies necesitan un terreno en el que poder pisar con fuerza para hacerse oír.
Las zapatillas viejas retumban en el suelo mientras corro al ritmo de mis pensamientos, mi corazón palpita con fuerza y mis pulmones me piden la entrada de aire constante… corro por el monte junto al mar… y me siento increíblemente viva.
Besos
marti

sábado, 31 de octubre de 2009

"BUCEAR PARA CREER"

Ayer tuve uno de esos buceos que entran en mi lista de buceos inolvidables. Me paro a pensar y me doy cuenta de que esta lista empieza a dejar de ser esa lista exclusiva de buceos que se cuentan con los dedos de una mano. Pero bueno, me digo, no dejan de ser buceos exclusivos, y desde luego me niego a reemplazar unos por otros. Me quedo con todos. Siempre he pensado que no hay buceo igual que otro. Cada vez que me enchufo un regulador a la boca y me sumerjo, disfruto de un viaje completamente diferente al anterior. Da lo mismo que el lugar sea el de siempre, hay tal infinidad de cosas por descubrir que necesitaría de la vida eterna para poder verlo todo. Y en realidad, ni así sería posible, porque el tiempo hace de los Océanos lugares de cambio permanente. Los cambios climáticos, la lucha por la supervivencia, el paso del ser humano y un futuro todavía sin escribir hacen de las profundidades una constante incógnita.
Pero bueno, volviendo a mi exclusivo buceo de ayer, todavía no entiendo muy bien cómo pude disfrutar tanto de un buceo en el que vi cosas que me parten el alma en dos. Supongo que es por la impresión del momento y la reflexión de después. Cuando algo no te deja indiferente, pasa a ser inolvidable. Mi compañera de buceo era Lindsey, la que sin duda sabe más de corales aquí en GVI. El objetivo de la inmersión era identificar corales; ella me señalaba uno y yo escribía en mi tablita el nombre del susodicho. Hicimos el descenso por una línea de boya que llevaba a una trampa de peces que habíamos localizado unas horas antes. Cuando llegamos abajo nos detuvimos a mirar el interior. A medida que me acercaba no acertaba a ver ningún pez y pensé “qué bien… no ha caído ni uno”, hasta que de repente vi revoloteando en el interior lo que me pareció un pez con una de las expresiones más tristes que nunca haya visto. Era un emperador. El pobre pescado, que ya no pez, iba de un lado a otro de la jaula con un nerviosismo exagerado, supongo que tratando de encontrar salida al enrejado imposible. Por suerte o por desgracia sólo había uno. Después de observar al emperador y la jaula durante un rato, continuamos nuestra ruta hacia donde sabíamos estaba anclado un catamarán. Llegamos al ancla con cámara en mano y sin ninguna otra intención que fotografiar el destrozo asegurado. La corriente apenas era fuerte, y a pesar de ello el ancla se movía con fuerza de un lado a otro. La cadena se estiraba unas veces y se arrastraba otras, llevándose por delante, a una velocidad de vértigo, corales que han podido tardar décadas en alcanzar su tamaño. Resulta increíble pensar que en GVI estamos estudiando corales de menos de 5cm y que un barco en cuestión de segundos puede llevarse por delante enormes colonias de coral… Impresionadas por el destrozo nos mirábamos la una a la otra con ojos abiertos como platos. Al poco rato de estar ahí, el ancla empezó a moverse con más fuerza todavía. Nos dimos cuenta de que el marinero de abordo estaba intentando subir el ancla. Tiraba y tiraba de ella intentando desengancharla de una enorme roca, armando la de dios ahí abajo. Lindsey y yo nos miramos leyéndonos el pensamiento. Obviamente desde el catamarán se nos veía a la perfección, ya que llevábamos con nosotras una discreta boya naranja fosforescente tan pequeña como la rueda de un camión de carga. Nos miramos de nuevo y echamos a nadar en dirección contraria, mientras el ancla alzaba el vuelo como por arte de magia. Cuando dejamos de oír el ruido del motor nos detuvimos… y empezamos nuestra identificación de corales.
Debo decir que hablamos de un Parque Nacional Marino en el que está absolutamente prohibido pescar y echar el ancla sobre el arrecife de coral. Existen dos boyas en la Bahía para que los barcos amarren sin necesidad de echar el ancla y aun así nos encontramos a diario con barcos ridículamente anclados a cinco metros de las boyas. Tanto los centros de buceo de la zona como los centros de alquiler de barcos echan el ancla sin pararse a pensar que están cavando su propia tumba. En cuanto a la pesca, desconozco la situación de los pescadores, ignoro si su situación económica es tan crítica que no tienen otra alternativa que pescar dentro del Parque nacional Marino. De lo que sí estoy segura es que los responsables de que esto no ocurra no asumen la tarea de evitar que se ancle o se pesque en un Parque Nacional Marino. No existe ningún tipo de campaña que trate de concienciar a la gente sobre la importancia del arrecife de coral, ni se asume la situación de los pesadores, que no sólo pescan en zonas protegidas sino que además venden tiburón en el mercado local.
Con este post mi intención es que quienes me leen conozcan un poquito más sobre la situación real del arrecife en Las Seychelles. No es ninguna sorpresa descubrir que, incluso en lugares como este, el gobierno y las autoridades responsables de la preservación de los recursos nacionales no asumen su tan imprescindible papel para la conservación de estos.
Y bueno, como me he puesto muy seria, quiero terminar este post con dos fotos que muestran la belleza de la cual hablo y protejo tan cegadamente. La primera foto es de una preciosa raya de metro y medio de ancho que vi el pasado sábado en Sharks Bank, uno de los sitios de buceo más solicitados por aquellos que quieren disfrutan de un buceo profundo en Mahé. La foto no es una maravilla… pero es la primera vez que consigo encajar en una misma foto a un buceador y a una raya así tan monos! La segunda foto es de una "mantis shrimp" (arg! "gamba mantis" en español?? suena feo...) Qué bicho más bonito... y qué foto, por dios, ni me creo que la saqué yo ;)
Gracias de nuevo a aquellos que me leeis :)
marta
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