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miércoles, 12 de mayo de 2010

VUELTA AL COLE 2010. LA AVENTURA DE CONTAR ESTRELLAS DESDE EL CIELO

Townsville tiene vistas a la Gran Barrera de coral. Ni más ni menos. Se dice a veces, de esta barrera, que es el ser animal vivo más grande del mundo ya que se extiende a lo largo de casi 3.000 km de largo. En realidad, la barrera está compuesta por conjuntos de colonias de coral. Pero para mí, algo que puede verse incluso desde el espacio no puede ser reducido a un simple conjunto de colonias. Es algo descomunal, casi inimaginable

Esta barrera debe ser la mejor puesta en escena del mundo en el que vivimos… Cuenta con unas 1.500 especies de peces, más de 4.000 especies de moluscos y unas 400 de coral. Se pueden encontrar dugongos y tortugas verdes, especies que a día de hoy están en peligro de extinción.

Yo, por supuesto, no me iba a perder algo así. En Junio pongo rumbo a Australia sin otra intención que sumergirme – y nunca mejor dicho - en el mundo de la biología marina. Este viaje será más largo que los que he hecho hasta hoy, me quedaré allí tres años hasta completar la licenciatura. Estoy… que no quepo en mí de felicidad, impaciencia y miedito, todo junto. La universidad a la que voy es James Cook University y pasaré mi primer semestre en una residencia de estudiantes internacionales, cosa que no hice con 18 pero que voy a hacer con mis casi 30 años. Qué cosas.

Así que estoy vuelta a la carga y con ello mi blog. Ahora que por fin voy a aprender sobre el mundo marino y el maravillooooooso mundo de las ciencias en su más pura esencia (a ver, los de ciencias, ¿existe alguna asignatura que se llame química hidráulica? me suena… y me suena muy mal. Socorro), podré aportar al blog lo que siempre quise, información útil de fuentes fiables, no sacadas del bolsillo de mi chaleco de buceo. Lo que me gustaría con el tiempo es poder escribir en mi blog cosas interesantes sobre lo que pasa con nuestros océanos. Me gustaría poder entender y explicar de manera consistente algo tan sencillo como porqué debemos cerrar nuestros grifos al lavarnos los dientes o apagar las luces cuando no las estamos usando. Cómo podemos, con pequeños gestos cotidianos, hacer de este mundo algo mejor para nosotros y para los que están por venir.

Y mientras yo aprendo todo esto, que no es poco, os animo a que disfrutéis del mar. De todo lo que nos da el mar… y no dispuesto en un plato… sino vivo, coleteando frente a ti bajo el agua. Y navegarlo, bucearlo con tubo, con botella, flotar en alta mar, aguantar la respiración con los ojos abiertos como un pez globo, ir a ver un iceberg, jugar con leones marinos, flotar junto a un tiburón ballena… Y mirar el mar desde un barco, desde la orilla, desde un faro… sentirlo en rabia, en calma… y porqué no, contar estrellas.

Un beso grande,

martita

sábado, 12 de diciembre de 2009

UN MAR DE RECUERDOS

Aquí se acaba mi experiencia en las Seychelles. Tengo la maleta hecha y estoy esperando a que el sol suba alto para despedirme de la Bahía de la mejor manera posible; con tubo y aletas.
Recorreré el arrecife satisfecha, poniéndole nombre a los corales y a los peces que nadan a mi alrededor, feliz de saber que me marcho de aquí sabiendo algo más sobre las profundidades del mar.

Recordaré las Seychelles como el lugar en el que aprendí identificación de peces, de corales y metodología de investigación en arrecifes de coral. En las Seychelles también enseñé lo que pude a quienes llegaron detrás de mí; peces, corales, buceo avanzado y primeros auxilios. Cada lunes y martes disfruté de los talleres de conservación marina con 41 niños y niñas que reunidos en la playa venían a aprender de mí pero que al final me enseñaron más cosas ellos a mí…

He visto tiburones de punta blanca, de punta negra y tiburones limón. He visto tortugas, rayas, morenas, pulpos, langostas, calamares, peces caja, peces globo, peces león, peces loro, peces conejo… caracolas, estrellas de mar, peces gigantes, peces microscópicos, peces siesos, peces multicolores… y mi vida ya nunca será igual desde que descubrí la existencia de los nudibranqueos.

He pasado horas en el barco, en el agua, he hecho pan y galletas para aburrir, he cargado y descargado botellas un millóndoscientascuarentayochomil veces, he aprendido a abrir cocos en menos de… diez minutos, una vez tuve la suerte de ver una tortuga desovando en la playa.
También me tropecé cientos de veces y cientos de veces me volví a poner en pie, y una noche me di el lujo de salir de fiesta y pasármelo como una enana.

Y como siempre, lo mejor que una puede llevarse de cualquier lugar es amistad. Elías fue mi mejor compañía durante los primeros meses. Con él descubrí las Seychelles, por tierra y por mar, reí hasta reventar y arreglé el mundo durante horas en interminables charlas.
Gemma ha sido la mejor compañera de trabajo y cuarto que nunca pudiera haber tenido. Con ella me he escaqueado de la jefa decenas de veces, me he bañado en cueros en alta mar y he visto miles de películas a la luz de las velas. A ambos les doy las gracias por hacer de mis días en las Seychelles algo inolvidable, les deseo lo mejor y espero volver a verles algún día no muy lejano :)

También he tenido días de mierda, pero de eso… no tengo fotos.

Un beso muy grande. Nos vemos muy pronto!
martita

domingo, 29 de noviembre de 2009

PISANDO TIERRA FIRME CON VISTAS AL MAR

Cuando llegamos a la pica del monte me quedé casi sin respiración al admirar la belleza de la isla. Estoy acostumbrada a observar el mundo desde abajo, desde la profundidad del océano, y subir hasta allí arriba me hizo recordar la belleza de tierra firme. Con tanto buceo a veces cometo el error de desligarme del mundo que vive por encima del nivel del mar. Por eso, caminar entre árboles cubiertos de musgo, descubrir caracoles y setas del tamaño de un guisante y llegar a la cima desde la cual el horizonte apenas es perceptible me hizo abrir los ojos a la isla de manera diferente. Parece mentira que lleve aquí casi cinco meses y que a dos semanas de mi regreso descubra algo así. Pero nunca es tarde, dicen, y ahora una vez al día me enfundo unas zapatillas viejas para correr por el monte mientras admiro la belleza del mar. De esta manera mi corazón intenta regresar a tierra firme sin abandonar su infinito amor por el mar. Mientras corro recuerdo las historias de hadas que tanto me gustaban de pequeña, los dibujos a lápiz de árboles encantados que pintaba ya de mayor y me pregunto cuándo fue la última vez que vi una seta de color rojo .
Últimamente, cuando buceo con snorkel y me sumerjo conteniendo la respiración me doy cuenta de que hay un momento en el que olvido por completo que no puedo respirar bajo el agua. Puede ser la costumbre de bucear con botella o puede ser que desearía tanto tener branquias que simplemente por momentos me creo que soy un pez. Persigo un calamar y olvido que tengo que subir a tomar aire. Bajo a seis metros, me topo con un erizo-lápiz de preciosos colores y la necesidad de respirar pasa a un segundo plano… Pequeñeces del mundo submarino que me hechizan momentáneamente. Y de pronto, un día subo al monte y me delato mirando un simple gusano durante minutos… y así, mi alma redescubre las grandes pequeñeces del mundo que viven por encima del nivel del mar. No sé en qué momento olvidé lo mucho que me gusta perderme por el bosque o el crujir de la nieve bajo mis pies pero aquí sentada me prometo a mi misma no olvidarlo más.
Hace tres día el mar le regaló un tiburón ballena a Gemma, mi compañera de aventuras en las Seychelles, y entonces recuerdo cuando el bosque de Yosemite me regaló un oso a mí. No puedo vivir sin el mar, pero tampoco puedo vivir sin tierra firme. Mis pies necesitan un terreno en el que poder pisar con fuerza para hacerse oír.
Las zapatillas viejas retumban en el suelo mientras corro al ritmo de mis pensamientos, mi corazón palpita con fuerza y mis pulmones me piden la entrada de aire constante… corro por el monte junto al mar… y me siento increíblemente viva.
Besos
marti
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